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. El artista se víncula a unos estados de ánimo, filtrados por marcada racionalidad, que van dirigidos hacia dispares temas. Fondos planos, casi monocromos, ventanas por donde la vida entra, o se escapa, y una sencilla mesa, incluso la barra de cualquier taberna, son el escenario por donde transpiran inmóviles toda una serie de personajes, uno por cuadro, fieles imagenes de la circunstancia humana. Serios y distantes, perplejos y solitarios, con un vaso rompiendo el tiempo, observan y viven, meditan. El artista se víncula a unos estados de ánimo, filtrados por marcada racionalidad, que van dirigidos hacia dispares temas. Fondos planos, casi monocromos, ventanas por donde la vida entra, o se escapa, y una sencilla mesa, incluso la barra de cualquier taberna, son el escenario por donde transpiran inmóviles toda una serie de personajes, uno por cuadro, fieles imagenes de la circunstancia humana. Fondos planos, casi monocromos, ventanas por donde la vida entra, o se escapa, y una sencilla mesa, incluso la barra de cualquier taberna, son el escenario por donde transpiran inmóviles toda una serie de personajes, uno por cuadro, fieles imagenes de la circunstancia humana. Serios y distantes, perplejos y solitarios, con un vaso rompiendo el tiempo, observan y viven, meditan. El artista se víncula a unos estados de ánimo, filtrados por marcada racionalidad, que van dirigidos hacia dispares.
El artista se víncula a unos estados.
